jueves, 20 de marzo de 2014

Metas

Y ya está. Y ya llegué. Y ya lo pasé; ya invertí y coseché. Así es como brillan las estrellas bajo la cara amarilla del día, me dije. Como el final feliz de una película que nadie verá, mi memoria es sólo para mí. Tantas horas, y momentos, y gente, y personas entrando y saliendo del telón invisible del camino de vivir, que recuerdo en colores, en sepia, o que ya olvidé.

Y ya lo logré. Una chica morena de un pueblo de gringos payos, abriéndose camino a través del mar de praderas y la jungla de cemento, a contra viento; no es tan fácil, verán. Y hoy me celebro, alimento el espíritu y canto al viento mis “yo puedo”, y que lleguen a oídos de los “no lo intentes”.

Y ahora miro al costado y atrás y me dejo limpiar por la lluvia salada que gotea debajo de mis pestañas. Porque me demuestro que si quiero, sí puedo. Y me dejo volar en una plenitud certera, un descanso en las escaleras pintado de verde y naranja; y como de un plato de frutas frescas, del árbol que cuidé, que vi crecer, que regué, desde hace 9 años... ya. La felicidad me inunda, aunque refloten penas antiguas, que rescato de lo profundo para dejarlas evaporar.

Y ahora miro adelante, a seguir abriendo caminos. Que lo innecesario se deja atrás, y se deja espacio para lo nuevo. Que lo necesario se agradece eternamente. Para volver a llegar, para volver a pasar, y cosechar. Sabiendo que si quiero, puedo.

sábado, 27 de julio de 2013

El reloj biológico por las noches desespera

La biología y la psicología están jugando al ping pong en mi cabeza y no finaliza el partido. Acostada y tapada con todo lo que tenía para abrigarme -noches polares si las hay-, mirando al techo, un tic tac resonaba en mi cabeza, no dejándome dormir. Y no, no era el despertador, porque se me rompió hace meses. Me di cuénta de dónde provenía:

"El reloj biológico por las noches desespera"

Mi amiga experta en fertilidad asevera que después de los 30, la función reproductiva en la mujer cae cual proyectil desde la estratosfera al mar. Y yo estoy... ahí nomás de convertirme en paracaidista.
"Mierda, estoy al horno." Nunca lo había pensado. Tengo que hacer malabares como para que en menos de 5 años tenga lo necesario para traer hijos a la vida: laburo, techo, carro y marido. Porque sin carro no hay crío. Me siento presa del t1/2 de mis ovarios y de mi maldición con los hombres.
"Planificación express de la vida". 
A todo ésto, ¿los sueños quedan relegados en un rinconcito mental? ¿Eso es vida?
¿Terminaré jugando a The Sims? Capaz ahí me va mejor eh. ¡Y ahí sí que uno controla la velocidad relativa de su vida! 

Ya sé que no soy así. Que no me rijo por ese paradigma social. Soy feliz, pero no tanto, siento que la vida cambia y yo estoy siempre igual. Y la "Susanita interna" de vez en cuando aparece sacándome de la comodidad, me golpea en la nuca, y me dice "para lo demás hay tiempo. Pero la biología es la biología y no te espera".
La frazada no calma el frío en el pecho. La pucha, la camita bien sabe cuánto quiero que me abracen...
"Mierda, estoy al horno. Mierda, tengo que hacer algo."

En el fondo lo que me da miedo no es no seguir al rebaño... es apartarme demasiado de él y por ello, quedarme sola. No quiero dar manotazos de ahogado... quiero ser feliz. Pero no sola y jugando a The Sims. 

Tic tac tic tac...