Si tuviera que usar una parábola para describir a la vida sería: la vida es como una cocina. Grandes, pequeñas, iluminadas, sombrías, con aroma a frutas o a pollo hervido. Cada cual con más o menos condimentos, más o menos utensilios, unplugged o tecnológicas. Únicas.
Cómo llevas tu cocina, entonces es cómo llevas tu vida. Picante o sosa. Cada aroma y sabor, cada textura, de cada ingrediente que pasa por el paladar y las narices inundando el alma, definen tu carácter y tu autoconciencia. ¿Te ponés a imaginar qué combinación queda mejor, cómo perfeccionarlas, probás cosas nuevas? ¿O sólo te atrevés a seguir la receta que viene impresa en los envoltorios de comida prehecha? O... ¿nunca le dedicás tiempo a preparar lo que comés?
Si gustás de comer bien, gustás de preparar con amor tu manjar. La pasión es un ingrediente que nunca debe faltar. Un buen cocinero maneja su tabla y cuchillo con la habilidad de un pintor, pero además de poner colores a la composición, agrega sabores y olores, ¡qué paleta más compleja! Agridulce, crocante, especiado como jenjibre y canela, suavecito como crema de vainilla. Cada plato tiene su receta, dando imaginación a los sentidos, haciendo prueba y error de las cantidades, con paciencia y cariño, mucho cariño. Podemos seguirlas al pie de la letra cuando ya están resueltas, pero eso no significa un éxito seguro... las condiciones del medio, tus herramientas, tu materia prima, en algo siempre varían, y allí, a lo que hay que seguir es al instinto. Impregnarse de esos olores, conocer lo que cortás y picás, atender al crujir del fuego y al chispear de las cacerolas.
Una frase que repito siempre es: si sólo bastaran las recetas para hacer un gran plato, todos seríamos chefs renombrados... sin embargo, la sabiduría de la experiencia, de años de estar tomando ese cuchillo por el mango -y de vez en cuando, curar algún que otro dedo lastimado-... el tiempo en esa cocina, probando y probando, es lo que hace a un cocinero un maestro de su arte.
Como la vida.
¿Cómo la estás cocinando?
domingo, 17 de junio de 2012
miércoles, 30 de mayo de 2012
Get Your Wings and Just Push Play
Por culpa tuya no puedo escuchar Crazy sin que me retrotraiga a noches con sol y
tardes con penumbra. Si, yo se que fui la que puse esas canciones, quien sembró
la música en el aire de mi living room, pero vos te quedaste escuchando, y me sacaste
a bailar en un septiembre intenso…
Por culpa
tuya no puedo tantas cosas. No puedo gritar. No puedo soñar. No puedo olvidar.
Esta vida
es tan irreverente, nos desfila con sus incoherencias en una pasarela curvilínea
sin final, como si ir desnudo a trabajar fuera la cosa más normal del mundo. Como
si dos personas pudieran entenderse así. ¿Cómo no dudar? ¿Cómo no pensar y
pensar una y mil veces qué hacen juntos, en una tarde de calor, dos seres cuyos
destinos están más separados que Venus y Neptuno?
En una
tarde, en una noche, una madrugada, una mañana… no hay horarios para el amor.
Y lo peor
de todo es que estoy bien, estoy enfermizamente tranquila y feliz aceptando que
nunca va a ser más que una tarde o una mañana o una noche o una madrugada.
Qué más da. Una y otra vez, sé que pensamos no atendernos, no
llamar, no preguntar, dejar pasar, dejar… años clavados en el sillón de un
living room. Después de años de una canción, y un perfume, y el sabor agridulce
de la vida que te da y te quita.
You’re my sunshine.
Por culpa
tuya, todas las culpas son mías.
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