jueves, 17 de marzo de 2011

El ojo del huracán

Nómade, gypsi, eternauta. Voy y vengo, de paseo, inconstante e inconsciente. Necesitaría la brújula de Jack Sparrow, esa que no apunta al norte, sino a lo que más deseás en ese momento. Porque ya no sé si existen encuentros en esta nube de concreto, que aplasta los sueños de un saque y te petrifica, dejándote mudo y sin pestañas.
El tiempo me acosa, como un viento solar que despeina las lunas de mi cielo de otoño, que remueve la tierra bajo los pies y hace que me tropiece, sin poderme amarrar a él. El mundo se vino con toda su furia, los cataclismos se desatan en las fosas marinas y en la profundidad de las personas.
Y me quedo mirando al noreste, tiesa, perpleja, atónita, sintiendo los choques y rupturas, y el magma interno brotar en mis entrañas. Me quema la piel, me pesan los huesos, se me interrumpe el sueño y la fobia me atrapa. Necesito exorcizarme, gritar, sacudirme, arañar esta bolsa invisible que me envuelve, y sacarme este infierno de adentro. Quiero renacer de entre las cenizas de un pasado sin gloria y demasiadas penas.
Debo emprender un nuevo viaje, otra vez.

martes, 19 de octubre de 2010

Olga Inception

Olga quiere escribir un cuento. En realidad no quiere hacerlo, pero le nació del alma hace varios días, se le enredó en las venas y se le está saliendo por la garganta... Pero le da vergüenza. Entonces decide escribir en tercera persona, argumentando que así la vergüenza es como un reflejo en cambio de ser verdadera. Y tipea:
"Faustina quiere escribir un cuento. Uno que no tenga finales, uno que haga sentir a uno despierto, viviendo, gritando. Primero, piensa, debe tener condimentos. Como una buena receta de cocina, un cuento no puede ser más simple que eso. Y comienza: érase una vez..."
No. Es muy cliché. De nuevo.
"Faustina se deja abordar por la imaginación, y escupe un párrafo errante:
El río está meciéndose al compás de los sauces que bailan en el viento, los pescadores esperan tiesos, los botes pasan de lejos, y yo me quedo mirando el puente con los autos que van y vienen. Todo parece un gran cuadro viviente, porque yo sólo miro. No soy bote que navega, no soy rama que se mece, no soy pez ni soy carnada, sólo una niña tiesa al borde del marco."
Olga piensa en Faustina y su sentimiento. Olga tiene tanta poesía dentro, peleando por salir -no consiguiéndolo-. Se mira los dedos, se toca el entrecejo, escucha el silencio, se reconoce en esas líneas, se le cae una lágrima, hace un bollo la hoja y se tiende sobre la cama.