miércoles, 2 de enero de 2008

Libellule


Una libélula tornasolada me confiesa lo que se traía en manos el viento, al posarse sobre el agua de la pileta del patio. La noche fresca, de estrellas como puntadas de plata en un vestido negro, me parece el campo eterno donde descansan las almas de aquellos que nos miran parpadeantes. Y respiro contemplándolas, buff, resoplando las narices como una potra que acaba de correr sobre la tierra seca y se frena a descansar.
-En el cielo se trazan los destinos- me susurraba el bicho alado en un último ahogo sobre el remanso. Pero yo, que sólo sé de campos repletos de cardos y ortigas, de pastos puntiagudos y barro negro, miro los pies empolvados y me río.
Ay libélula, mucho sabrás del viento y los remolinos, pero nada sabes de trampas tan tentadoras como un refrescante oasis de agua. El arroyo dulce te espera, prometiendo saciarte, deslizando glorias; pero a la primera bocanada te pesan las patas y te hundes… al principio es complaciente y húmedo, luego cínico.
-Pero el cielo todo lo sabe, y nada lo cuenta- me porfiaba.
¿Y entonces de qué me sirve mirarlo, ahí, como esferas de strass adornando un botón marfil sobre el manto azabache? Si no tiene nada para mí más que sus misterios, más que las caras de los que nos miran telescópicamente. Mejor dejáme resoplar en el pasto rociado de gotas a la medianoche, o mañana permíteme hundirme en el silencio del agua calma mientras mi piel se curte y mis rizos se desarman.
-La cuestión es creer, y aceptar lo que se produce en el aire- intentaba consolarme. Por aire vivo y por aire muero, al aire suelto mis coplas, mis movimientos de manos, y dejo secar mi cuerpo de falsa sirena. Pero el aire nada tiene que ver con los sucesos. Mira mis pies empolvados, acabo de correr un largo trecho, y no por nada llego al estanque exhausta. Y tú buscando lo mismo que yo, una gota de frescura después de sufrir un sol despiadado, te hundes en sus mojadas promesas y estás por decir adiós.
-Algún día entenderás… algún día querrás…¡glup! – sus pobres aleteos no alcanzaron a arrancarla de la tensión de la superficie y quedó ahí, inmóvil.
Me levanto, con el ritmo recuperado, y prosigo el camino. -Hay frases que suenan bonito, pero sólo son eso- repito, dejando atrás el espejo de agua para irme a dormir.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Este fue un viaje de ida


Se termina el año... qué cosa esto del calendario, al cual adaptamos desde las ganas de hacer cosas hasta nuestro humor. Cuando llega ésta época, la rutina, el estudio y/o trabajo ya hartan; uno se cansa del corte de pelo, del color de las paredes del cuarto, de la piel blanquecina y hasta de la marca de yerba con que cebó los mates durante meses. Particularmente, a veces uno está cansado de las emociones. Sean fuertes o debiluchas, cuando son muchas... a veces no son tan buenas. Este verano me recibe con aires hippies... algunos cuando estaban mal en algún lado (feeling sort of “bad vibrations”) simplemente se trasladaban a otros ámbitos para renovar el espíritu. Bueno, voy a adoptar en parte su filosofía (¡pero no su vestimenta!) y ampliar mi panorama conociendo otras realidades; dejar de ver este siempre-verde llano de nuestra pampa húmeda para llenarme los pies de tierra de siete colores y de puna los pulmones. Y quedarme escuchando el silencio ancestral de esos valles quebrados, con cielos límpidos y pueblos perdidos.Quiero de una vez liberar ese pájaro que sabe ser mi alma viajera, recordar cómo es esa chica aventurera que late en mí (aunque vamos a estar un poco roñosas lo admito, me la banco). Quizás así de alguna mística manera el viento norteño se lleve las viejas penas... para que adentro nazcan cosas nuevas.