viernes, 25 de octubre de 2024

The tale of the scaly girl

It's insomnia-o'clock again, and the overthinking is getting heavier since I started therapy again. Therapy: the place where you can be vulnerable as an adult, because even best friends can't keep up with their close-ones' frustrations and sadness. Feels like the only place where you can be truly yourself. It doesn't mean that sensitive persons are flawless - but it has to do a lot that most of the though parts of a sensitive person character - isolation, blaming, sharp observation, high moralistic statements- come from a defensive mechanism against the neighbor abuse (conscious or unconscious). The statement that this world is far from the ideal cooperative communities where everyone desires harmony. 

We live in a hypocritical, unfair, egotistic, objectifying world, and there is no point on sugarcoating it after all the history books written and the social media exposure of human stupidity. But I happened to be born with a singular perspective. In a world where showing your vulnerability equals weakness and makes you easy food for sharks and opportunists -even those that do not think of themselves as such - I came to be transparent; like a clear turbulent river. A castaway, out of time soul that has to relearn to dance waltz in public. That's why I paint and write as a hobby for strangers instead of making money out of it, but hey - it is a kind of therapy. Probably it is a good mental sign to be an alien to this system.

Since my tender years, there were no standardized "play house games" in my books; more of Jane in the Jungle finding a new way to communicate with Tarzan. I knew that true friends are people that knows us in all awkwardness and choses us for that, for being unique. I was sharp, my eyes watery, my thoughts strange. Human gatherings always felt like a big shoal of fools where blending felt like survival instead of bonding -and I was not totally wrong. Whenever different interests come into play, the true colors of humankind arise. I hated reality shows for the same reason, because all the roles are so predictive. There are the ones that believe their wishes are entitlements, there are the ones that believe their wishes are utopia. There are the beauties and the fouls. And I thought I only observed them play,  but didn't notice I was also a fish. I was also swimming there.

I could not understand the shoal movement and how to adapt to it, it was a mental burden -swimming against or with the current? Swiping, left - right. Backwards. How, you might think, I did not see myself part of it? Well, a small trout in the middle of the Atlantic ocean is quite unexpected and mislocated. I was always debating how to not be overwhelmed by the sharp currents of the world's nightmare or for the preying creatures - not to get eaten, not to get eaten! Not to get bitten again. Despite my efforts of hiding in places, nothing seemed to work, and worst of it all, I was missing the freshness of the water outside. So one day, I took courage and decided to swim. I knew my back flippers were not as big and strong, but my desire for enjoyment was bigger. So as a smart fishwoman I knew what to do, or at least, my intuition did: then, the large scales appeared, one by one. They grew, perhaps not with the confident of the group's societal parameters, but with inner confidence that I was there for a reason and my existence was just as (un?)important as theirs. And my experiences not so dramatic, and the group's intention not so scary. Slowly, step by step, growing outside and killing inside a part of her that only wanted to cry an ocean, or at least, bury feelings so deep that no one could see her like that again. Because, you know, shark smell tears and blood and then clownfish think it's play time.

That was not a bad outcome. Iridescent scales glowing in my skin while dancing with the sharks that once bit her. Still caring for others, still shining, but tougher. Scales that could go away in the right moment with the right company and with just anyone that grazed my skin. That was the secret, a thicker skin to confront the foolish way people behave, making mistakes, thinking inwards, looking at their belly button and not contemplating others. And then, I let myself make mistakes as well, a part of this mess that life is. Live again, desire again, silly play again... I started to finally understand it was not my fault and neither my role to correct what had gone wrong. Because that is the quest of all fish-human in this world: if you want to make it work, accept that you're also swimming to nowhere, and you have to live in this chaotic, unfair, superficial and cruel ocean that also has immense beauty. Let the beauty be visible only for those who don't see the scales, but the light reflecting on them. The ones that see you.

Swim, dance.


martes, 13 de agosto de 2024

Vacío

Esta es la historia de dos extraños extranjeros que una tarde de Sábado se encontraron en una cita a ciegas en un parque en Chicago.

Como no podía ser de otra manera, fue una tarde calurosa que empezó temprano y no terminó por dos días, o eso me pareció. Probablemente como buena local y anfitriona te llevé por todos los lugares que quería explorar del downtown jazzero, y me correspondiste con un beso y un desayuno improvisado. Y una noche de hotel, un paseo en bote, y tantas cosas más surreales que me cuesta creerlas.

Cuando miro para atrás, siento que fui yo la que empezó el cuento. Hi, this is Jofi.

Pero a los días recibía tus textos de palabras e intenciones contundentes. Con primer rechazo al amor, te sentí tan entusiasmado. Admito que me lancé a la aventura de a dos como un chico en un parque de diversiones que se sube a la montaña rusa después de haber tenido miedo por años pero agarrando coraje (es verdad... hice mucha terapia para subirme a este viaje).

No quiero escribir como lo hice con otros cuentos. No, no así. Me cambiaste la tinta del tintero, y no puedo evitar verme impregnada de tu esencia por donde voy. Desde ATL United y Fenerbahce en vivo o en el tele, el pekmez con pan, los huevos revueltos con técnica de hotelería, la ensalada con sumac y los pimientos rellenos, hasta las botellitas de agua desparramadas por todos lados. Me pintaste la vida con tu hermosa actitud hacia adelante, a pesar de que a veces desconfias de vos mismo. Era como bañarse todos los días con agua cálida, que arropa, que relaja. Cada abrazo, cada beso, cada risa. Era eso el amor? Y si lo era, por qué a la primera de cambios se va? Y si lo era, por qué fue cruel?

Qué nos pasa a los humanos que cuando encontramos algo que vale la pena nos echamos a dormir en los laureles, dejamos de esforzarnos, empezamos a dudar y todo termina desparramado? Cuando la cabeza empieza a llenar los espacios en blanco de respuestas que no nos llegan. Cuando las amenazas de ser derrotados por fuerzas externas hacen que nos boicoteemos. Qué nos ocurre en la mente que en vez de querer entender al otro nos centramos en los propios deseos y no vemos que herimos? La vida es eso, un viento que tiende al caos, nos junta y nos separa. Aparece lo complejo de la trama, el nudo, como me enseño la profe de lengua. Una posible enfermedad se avecinaba. Una guerra. Tal vez nuevos personajes. El país donde se encontraron dos extranjeros en una tarde de calor de Septiembre puede volverse un terreno incierto para planear el futuro. El idioma una barrera, la distancia un abismo, y los corazones de humanos siguen siendo imperfectos e inseguros de sí mismos. 

Capaz que esto era más simple. Más terrenal que una crisis existencial, los lenguajes de amor  y los estilos de apego. Tal vez, simplemente, fue lo que tenia que ser.

Pero quién le explica al corazón latino de este desenlace? Si aún está bailando con vos en la cocina, dandote un beso después del laburo, no entendiendo por qué lo dejaste solo en el momento que más te necesitaba. Con el velo de mi amor descascarándose de a poco entendí que lo que yo sentía era mío y nada más. Hasta pude, con las pocas fuerzas que me quedaban, irme de donde ya no había más páginas en blanco. Me ganó el dolor y el despecho y no quise ver más las cosas que antes amaba... 

Y ahora, después del amor, el silencio. La falta de amigos. Lo que todos describen como girar en un mismo lugar sin sentido, repitiendo tareas automáticamente, tal vez llorando, a veces riendo. Haciendo cosas para sentirse que se está aprovechando el tiempo. Esta vez no, no quise repetir otros finales. Esta vez miré para adentro y me dispuse a ordenar las cajas, a confiar en mi instinto, a romperme por dentro para dejar de sentir que una historia de amor tiene finales horribles. Tal vez, algún día no haya más finales que la muerte que golpea de pronto y no va avisando con mensajes de texto que ya no queda más nafta para seguir viajando. Porque la vida, como el amor, tampoco tiene un para siempre.

Pronto se cumplirán 3 años de ese primer encuentro luego de mi cumpleaños, que ahora tengo que reescribir con otra historia, pues la nuestra se ha acabado.

sábado, 3 de febrero de 2024

El día que todo despertó

 Como siempre me pasa, mis horas de más invención/imaginación/creatividad son cuando estoy entredormida por la mañana y me levanto pensando un cuento. Me levanto relatándolo. En el día la voz de la conciencia y el subconsciente entredormido se juntan y crean, inventan, remueven y depuran. Escribimos nuestra historia, o historiamos nuestras escrituras, da lo mismo ya.

Cuando te preguntan: si tu vida acabaría mañana, ¿estás contento con la vida que construíste? No se esperan que esa pregunta no sea retórica. Uno no espera que la vida te de un aviso, un llamado para despertar. Se piensan que es lejano o hipotético, el día que uno puede cerrar los ojos.

Pero a veces pasa esto en medio de un exámen de rutina común y corriente, donde las cosas no salen como se esperaba. Una tarde de sol cualquiera. Y la pregunta se manifiesta en un shock de silencio. ¿Es todo esto la vida que quiero? 

El día que mi viejo dejó el mundo, para todos fue sorpresa pero para mí fue confirmación de un presagio. ¿Esto sienten los X-Men que ven el futuro? Una especie de desolación mezclada con impotencia, porque nadie te cree. Porque es un problema de mañana, no de hoy. Pienso en superpoderes y cómo estos llegan a sus héroes: siempre ocurre algo extraordinario. Una picadura, poseer una piedra rara, un derrame radioactivo, un experimento fallido. En mi caso no pude explicarlo. Un día desperté de un sueño sabiendo que la muerte rondaba respirando en las sombras. Siempre siento lo mismo, un escalofrío en la nuca, náuseas, ansiedad extrema. Luego llanto. Luego pienso, pienso pienso en eso como evitando que pase. Pero el superpoder no llega a controlar lo inevitable, porque justamente, es no-controlable. Ocurre lo que ocurre, el día que mi viejo fue a comprar un auto sin que mi madre supiera, desatando discusiones, desatando descompensaciones.

¿Pero fue realmente un superpoder?

Desde ese día la sensibilidad ante lo incierto se fue acrecentando. Era cuidada, empecé a cuidar. Era mimada, empecé a ser fuerte, roca, capa de hielo. A fuerza de llanto, a fuerza de bronca. Dejé de creer en todo lo justo. Y de a poco aprendí que era mejor empujar todos afuera, ya no estaba a salvo bajo nada que sea yo misma. Lo que tenía que ser una fase de duelo se convirtió en una nueva realidad, que trajo aparejado una dinámica inestable. La generación de mis propio núcleo se estancó y la unica solución posible fue la distancia. Otra vez, empujar todos afuera para encontrarme y tenerme a salvo.

Y funcionó, por unos años, donde la juventud parecía eterna, la carrera la pasión de vida, las amistades los vínculos fuertes. La vida cambia, por suerte, ya no soy la misma ni lo son mis prioridades. Y en el medio de todo esto se resurge una posibilidad, de que la vida no sea hasta los 90 años como te prometían, sino mucho menos. Y sin querer, empecé a empujar todos afuera otra vez, porque hola, necesito sentirme segura. Pero ya no soy la misma, y esa seguridad empezó a tener gusto a ansiedad con miedo, y tuve que dejar el plato de sushi porque casi vomito un pedazo del asco que me daba comer eso crudo. ¿Era esto un superpoder, o una superdebilidad?

Si miro para atrás no hay nada que haya hecho de lo que me arrepiento. De lo único que puedo arrepentirme es de no haber hecho, culpa de un mal consejero. Por delante queda lo que queda, y si bien fue el miedo el que despertó todo esto, por primera vez me freno en su respuesta; será la edad, que uno empieza a escuchar a su sombra porque sabe que así aprende. Por primera vez quiero dejar de empujar todo afuera. Si empujo, que sea por deseo, y para adelante. Que perder a otros todos perdemos, pero lo que no podemos costear es perdernos a nosotros mismos.

Este día despertó mi deseo, y murieron los presagios.

 

domingo, 20 de agosto de 2023

This entry is called: “you don’t know how smart I am in Spanish”...


... while I am trying to type in my old Hewlett Packard laptop with ñ character, now that I am used to a non-special-characters keyboard at work, and missing some keys in the process.

I have been -or trying hard to be- bilingual for a couple of years. Not so many that I could erase all traces of Argentinean vocabulary and definitely not enough to completely erase all those UK English learning years, but sufficient to understand what the unitedstatean fellows might be talking about. But I know, I might not be like them any moment on, not discursively nor in mindset.

Porque la cosa es así en la era de la ofensa fácil, uno no puede hablar de filosofía o política en la mayoría de los entornos, que te llaman a la cancelación. Que no se te zafe tu opinión poco popular, y no aburras tampoco con argumentos kilométricos que el conductor designado se duerme. No seas vos, o sé un poco menos vos, pasado por el filtro del comentarista aceptado. ¿Y cómo se debate o se aprende con eso? ¿Cómo se muestra un cacho de alma cuando lo que vende es el cuerpo?

What a lame speech. The part of me trying to fit in is now trying to break free. Feel like sparkling again, feel desirable, playful with my tongue or my fingers on this keyboard. I used to write some erotic content even, goddamit. Where has all that gone? Perhaps under the pile of success-driven unachievable goals that I imposed myself to, forgetting about life to be lived and created. Trying to be seen as an organized functional piece of machinery instead of the immense quilombo my beautiful mind is capable of. I am deviating my energy towards where it doesn’t belong.

Es insomnio de 4 am otra vez, avisando que se pasa una década casi y flasheando en mis ojos las decisiones tomadas hace un tiempo. Pero nada de esto cambia, las reflexiones vuelven sobre lo mismo, los miedos también. Y la soledad de querer transmitir con palabras que el otro no te va a entender porque son del lado opuesto de tu cerebro bilingüe… esa soledad nadie te la puede explicar. Vos me entendiste, he couldn’t. Worse, never tried.

There is something infuriating in not trying to understand POVs, some kind of laziness -dejadez- that is close to uninterested behavior. Because all of us want to be understood; it could be sign languages or Google Translator, we wanna be heard, and validated. If not, why am I even writing this on a very unknown blog page. And don’t make me start talking about texts without emojis, how-how-how can we connect with that?

La soledad de las 5 am no se va tampoco scrolleando una pantalla. Se va si hay un abrazo que quiere ser abrazado, en mi cuerpo magro y con mis rulos despeinados, suspirando suavecito y acurrucado. Porque tampoco uno puede decir que necesita un abrazo o una comunidad, viste, se te va todo el sex appeal al carajo. Ah pero después están todos con problemas mentales y no saben por qué, se inventan un Caralibro cada vez más grande y parecido a una queja que a una conexión humana. Y sin embargo acá estamos todos pataleando y gritando para que nos miren, desde nuestras solitarias casas mentales.

I prefer nature, true bugs and bird songs. A symphony from the 16th century, a couple of brushes and acrylics on a canvas, my guitar. My lover playing with me whatever comes to our minds, in a language we can create everyday by try and error. Because it takes time to be bilingual, because it takes time to not let others speak by ourselves or impose their beliefs.

Y todo esto no es más que un ensayo del ego para dejar de lamerse las heridas, y ser curioso otra vez olvidando lo que se aprendió doliendo. Porque toma tiempo, profundidad y especialmente alegría que a alguien más le parezcas súper interesante, que realmente diga: te veo.

domingo, 19 de febrero de 2023

The bioluminescent tale

My friends and I improvised a trip to a tropical island to escape cold and snowy weather and routine. Let's say it is known as the "Island of  Charms", it really honors the name. Landing there was a gentle caress to the soul. Like the ones I've been missing, the longing relax. Welcome new year.

The cities had that refurbished vintage vibe that most Caribbean islands have, full of colors and happy pedestrians. And there we were, with our cameras on hand, trying to capture those colors without making justice to the beauty our retinas saw. You see, we are this strange generation of humans that live through lenses and flashes, that doesn't have memories anymore if not in those pixels. Everything recorded for a posterior (no-one?) voyeur. Surprisingly, we keep on living in the past through them, but in our brains... there are few true colors left we can remember.

But here we were, a full new-moon night, one of the darkest -or in another perspective, one of the most starry skies you would experience. Sailing on a boat towards a bay-reservoir surrounded by mangroves, one of those places where the Earth still resembles to what it was like until modern humans came. Our aim: to be observers of one of the magical gifts our mother nature created. 

The first evidence were little sparks on the waves as the boat agitated the high saline and, therefore, warm waters. Is that real? Is the water looking like sparklers lit on a celebration? I had to dip my hand there... and voila! Hundreds of microscopical lights surrounded my skin with a pale green glow! Impatiently jumped on the kayaks, blinded by that impenetrable darkness that was only illuminated by our glowing strokes; the silence interrupted by our giggling. Like babies that made too much noise. And the emotion scaled up after all fears turned off... Splashing and swimming on those waters thriving in biological star-fires, while watching the stellated black vault in mirrorlike manor. Twinkling cells that switched up by motion, perhaps annoyed telling us "please do not disturb". Or maybe they also wanted to play with us and with the fishes that jumped out in the air, or rocketed like torpedoes leaving a phosphorescent trail. 

Forgot to mention the number one rule for this place: no artificial lights. Phone screens down.

And now? There is no evidence on what just happened. No pixels on phones or GoPros, no bits uploaded to the Cloud, nothing. The phosphorescence was so quick and dim that only specialized cameras could pick it, but even in good bioluminescent nights it would be seen like "fake". We were left with just the photons going through the pupil to the retina exciting the cones and rods, and then to a cluster of neurons that will hold that memory. An instantaneous experience for a couple of hours. In time it might get distorted... at the end it will die with us. 

So what happened could only be transmitted partially by oral or written description, just like the myths and legends of our ancestors, created for collective memory. Like me in this webpage, telling the story of the sea fire, full of adjectives expressing my emotions, in a language that is not my native -purposely picked- to show that no high-fidelity translation could be possible. This was something one can take but not give away. Something you can play but not reproduce. Even if we tried to reconstruct it, no virtual machine could remotely approximate to the in-person impression. There is no way a screen could mimic the combination of your six senses in time and space; the smell, the touch, the sounds, the light, the breeze, the wet salty water. The tiny little light igniting on your limbs because you move, because there is a reaction: like a dance, like a kiss. Our human experience, limited and at the same time infinite by combinations of sensations, will never get replaced by a copy. Is reality what we perceive as non-fake? Maybe it is what exists out of our human interpretation. It is beyond our brains and our desires; it has unpleasant sides, unexpected twists. And it can be beautifully surprising if we let ourselves dive into it.

So no records but my fast-beating heart and my brain full of dopamine. And a cluster of freshly excited neurons.

That was my wake up call, that was my lesson. For moving forward in this life, with my feet touching the grass, the sand or the snow, breathing, touching, observing. Feeling. The world is out there, and for me being in it I have to experience it in first hand. Get outside.


PS: a bloom of noctiluca reproduction, aka "the most brilliant night glow" can kill coral reefs by asphyxia. More blooms are seen in climate change. There you have the unexpected twist. 




domingo, 29 de agosto de 2021

Have a good one

 19:35 y el tren se atrasó 2 min, en la parada de la 53rd/52nd la tarde cae sobre los edificios eclécticos, mientras dos extraños se aproximan en el andén. Si, una era yo. El otro pasajero en trance era un mulato impecable vistiendo traje y zapatos estilo años '20, como los que van al mítico Green ,, live music bar personificando gangsters. Después de inspeccionarnos un rato me preguntó si estaba segura de que el Metra venía a horario, intentando acaparar mi atención (aún más). Le alabo el atuendo y combinación: suit a rayas con zapatos blancos y pañuelo verde en el ojal.  Me cuenta que es sastre y que vive alternando residencia entre Chicago y New York cada dos semanas. Wow, muy cool. Me dice que tengo buen peinado sin asumir que no soy local, pero quizás se me nota un poco. Le digo que mi vida es la de una científica expatriada pero bastante sedentaria.

 Sin lerdeces lo invité a sentarse enfrente mío en el tren, imitando la costumbre local de sentar diálogo con cualquier desconocido en lugares públicos, un poco para no quedarme mirando el celular zombificada, otro poco por intensamente curiosa. Barbijos mediante, la charla se tornó reflexiva, sobre la humanidad imperante, el valor de los homeless y marginales abandonados por los ojos ambiciosos, sobre señores y señoras con la manía de convertir en importantes cosas que no lo son, sobre máscaras y sobre trajes. Si así no estaría vestido, con pañuelo en el ojal, si su tez fuera más oscura -me dice- seguro yo no le hablaría. Me extrañó la observación, porque al fin es algo obvio, ¿no? ¿Cómo nos acercamos a los demás sino es con una carta de presentación instantánea que incluye todo lo que toca la luz? Lo que no se ve, tiene que descubrirse con un diálogo.

Me - "About your complexion... it is not true that I wouldn't speak to you. I am not [defined as] "a person of color", I have a colorful personality, and that's different."
Him - "You definitely are a person of color, so you know."
Me - "That might be. But about your dressing presentation... you're telling people who you are or who you want to be by wearing this suit, those colors, those details: that is the purpose. You are calling for peers, or even opposites whose attention is caught."

Lo que uno lleva puesto, le dije, no es casual. Estás hablándole al mundo, es expresión. Es un pelaje a elegir, es móvil y modus operandi del baile social. Me dice que nada es lo que parece y que un traje no es más que un disfraz. Le digo que quien elige mostrarse muy diferente a lo que es ya dice mucho de esa persona, y que todos elegimos por convicción u omisión. Sonríe como si estaría siendo descubierto después de mandarse una macana. 

Me - "We are telling our personal history as we walk the world even we like it or not; we all talk this way. As a tailor you should know it."
Him - "Maybe. There are some folks that ask me to turn them 180° into a different style, like an impersonation. That is really difficult, because my tastes are mine, and might not be theirs."
Me - "But whoever calls for your services, must know you beforehand, must admire your style. He calls you because he likes your scissors.
Him - "I wonder if the person might not like my interpretation of their desire. It is understanding their wish and adapting it to their proportions then assembling it with my own style, because, inevitably, I will subjectively choose a combination. That's my challenge."
Me - "You need to know your client very well then to make something really suitable for them. That is art, and an expensive kind."

El tren va más despacio porque ya llegamos a la Van Buren St. y pasamos bajo puentes. Consiguió que le dijera que me esperaban mis amigos para salir, y aprovechó para decirme que en realidad se iba a tomar algo a un rooftop y después iba a tocar al Green Mills de pianista invitado un rato antes de que cierre, aunque a veces también era percusionista. Comenté excitada por la casualidad que yo cantaba blues, y se quedó mirándome con ojos de uva madura.

Him - "So you know Nina Simone? But your style must be more like Alicia Keys, right? Come tonight to see me and I can arrange some songs for you to sing. We might come up with something cool."
Me -"Oh, really? I can't believe it... thank you so much!! Can I give you a hug?"
Him - "Sure"
(se acobarda un poco pero se decide a acercarse) 
 "Ohh, my god... you smell so good. Nice to meet you, stay safe."

Y así me despidió de la estación del Milenio, sin intercambio de números o redes sociales y dejándome una sonrisa. Porque sabía que el Green Mills no cierra a las 2 AM, sino a la 1. Yo hacía ya dos años que no cantaba en público.

Un mes después me lo encontré de nuevo en la Kilwins del barrio, él entrajado como siempre, yo despeinada y acalorada luego de una larga jornada laboral. Me saludó cordial pero sorprendido y tímido. A mí no me sorprendió verlo por la 53rd, y su historia era tan fantástica como la de la última vez: que estaba parando en el hotel de enfrente y era la primera vez que entraba al local, buscando una caja de bombones de regalo para una amiga.

Me giggling a bit, closing my eyes suspiciously:

"Ahhh you know I don't believe you! I think you're from around here, that you live in this neighborhood, and you just don't want to tell me... but that's ok."

Mi amigo CY me interpretó la conversación y se fue con su helado a medio terminar para que pueda esperarlo traquila. Lo hice, dudando un poco, viendo qué hacía adentro del local además de gesticular frente al empleado al otro lado de la vitrina de fudges. Después de un rato, sin embargo, me fui, dejando la conversación intencionalmente inconclusa.

Su historia aún sigue siendo poco verosímil y rebuscada a los ojos de quien conoce gente todo el tiempo. Pero qué hermoso loco. No importa si no era sastre, o no vive en NY y tiene clientes en todos lados. Tal vez solo limpia el piso en el Walmart y aún así tiene ganas de salir un día de la semana a ponerse en otra piel ocupando un traje limpio y bien arreglado. De verdad no me ofende su mentira piadosa, porque no lo hacía para obtener algo de mí; quizás soñaba despierto para sí mismo un mundo alterno, canalizar posibilidades que nunca se le dieron. Tal vez así descomprime la injusticia atroz de un mundo que te marca por tu color de piel y dirección de nacimiento. En ese tren fui yo la niña ilusionada con esa posibilidad de subirme a un escenario a cantar, me encendió la adrenalina al pensar la cuasi realización de un deseo profundo, pude conectar con él sintiéndolo palpable, palpitante, excitable. O tal vez era verdad, como esas cosas mágicas que solo ocurren en Hollywood (y, aparentemente, también en Hyde Park).

Porque a veces escaparse un rato es eso, ser una principessa posmo en medio de la WWIII, bailando en un castillo de jazz en el aire. Con o sin vestido y diadema de diamantes. Saberlo, entrar y jugar un rato dejando volar la imaginación reprimida.


domingo, 3 de enero de 2021

2020 EPQTRP

Últimamente reniego de hacer el recuento de fin de año como si el tiempo tuviese algo de antropomorfia y un deseo pulsante propio (en otras palabras, como si un año fuera un ser). La repulsión a lo cursi me lo impide... en una vida atrás era salamera, supongo que a la madurez se le caen los pelos hasta de la lengua. Pero, justamente este 2020 se personificó en un monstruo amorfo, como si todas las pesadillas humanas se soñaran la misma noche y sus personajes siniestros vinieran de a uno bajo el manto de invisibilidad.   

Tiempos de pandemias virales... llamamos virus a un ente que viene a matar cuerpos y también sistemas. Catedrales filosóficas que se tumban junto a los contagios masivos de gente que no soporta verse aislada.  ¿Quién puede sentirse seguro sin abrazos?  

Las posturas sanitaristas de mantener a todos en las casas no sirve de nada, eh. La gente necesita del otro. Y lo venimos a ver, como siempre, con el contraejemplo. 

Eso es lo que nos vino a mostrar esta partícula nanoscópica, ya no nos podemos ver como números en una tabla. No había que darle un centímetro a la nostalgia, porque la nostalgia sin el otro es un círculo en caída. Hubo momentos de tirar la toalla, otros de pensar que no tengo mejor suerte que esta, otros de simplemente dejarme llevar. Como dice Krishnamurti, "dejar de lado tus filosofías, tus religiones, tus costumbres, tus tabúes raciales, pues ello no es vida". Quizás así sentimos que el mundo no-humano respira un poco.

¿Quién puede sentir que una máscara es lo normal? No se respira bien, no sale la voz como debería (duele la garganta de gritar), no vemos las sonrisas, no percibimos. Ahora, ¿cómo se puede entonces naturalizar un Burka? No solo quedar mutada, quedar sin mirada a lo público, ser un fantasma, un "muerto en vida" como leí por ahí. ¿Duele, no? Duele. 

Hay otro sistema que se tiene que tumbar. Aunque solo lo podamos ver cuando se caiga el mundo perverso que la testosterona mal sintetizada construyó para la dominación (no falta tanto). El mundo que oculta una parte de la femelle que vive en cada uno. Lo que percibimos es falta de empatía, paradójico, ¿no? No queremos estar sin el otro pero a la vez lo echamos de nuestro espacio. Al iniciar conversaciones: querer ganar un argumento, no construirlo. Al declarar nuestras posturas cerradas, no abrir a la erosión de otras posturas... porque muchas veces quien intenta entrar no es para añadir sino para tumbar, y mofarte en tu cara. Porque esa es la lógica que nos atraviesa, la falsa naturalidad de la ley de la selva -o matas o te matan-. Siendo la única especie que pone en riesgo al 90% de los suyos, y dentro de ese 90% la mitad siendo aún más oprimida, para conveniencia del 10%. Un poco pelotudos.

Pandemias, plandemias, miserias. Ojalá un almanaque pueda cambiar de un saque procesos de años o centurias. O quizás no intente cambiarlos nunca, si quedamos con los viejos rituales, con costumbres de antaño, con reivindicaciones basadas en comodidades. Matar simbólicamente al monstruo de doce meses, que no es otra cosa que el reflejo de la humanidad gobernante, con un plaguicida evolutivo. Matándonos la vida sigue, y los delfines vuelven a ocupar los canales donde navegaban yates de lujo. Aunque, como suponemos, las ideologías nunca se matan, sino que se suplantan. La única manera de superarnos es dejar de pensarnos en la misma lógica... no falta tanto... creo.

Por ahora, somos impotentes. Boyas en el océano, solitarias, aunque rozándonos. Sin romper las cátedras del exitismo, los fuertes del tener la razón. Los castillos de arena que se remueven y caen porque un grano se salió de lugar. Un grano que se escribe con a.



martes, 29 de diciembre de 2020

Flechada

Feliz día al primer 14 de febrero que no lo paso sola o con mi prima en club Fellini, con mesa para dos y los mozos pensando que éramos tortas. Deseo que todos alguna vez tengan días como el que tuve ayer, desbordado de amor y festejándolo en todas sus facetas. Es verdad que el amor se hace, porque es construcción del ahora. Me declaro enamorada de la vida, de cada experiencia, y de cada persona que me la va haciendo hermosa (ya lo escribí, somos mosaico de gente que nos marca). Este es mi enamoramiento: vibrar con alta energía y sentirme plena en el trance, rodeándome de belleza -subjetiva, pues es subjetiva siempre-. Hacer lo que te hace sentir vivo, sentir la sangre correr por las venas como fiebre espesa. 
La gorda cumplió años y lo festejó como nunca en su vida, con un "pedo para 400" y saltando de felicidad. La gente que al final queda y pasa por el filtro desencantante de intenciones te acompaña hasta el atardecer de la vida. Amigos desde hace 24 años o veinte menos, bancando la parada, novio por horas, todos llorando metafóricamente en un abrazo al final. 
Lo que les pasa a las personas no es lo importante, sino lo que las personas hacen con lo que les pasó. Eso es lo que te define. Las personas felices no se plantean por qué son felices, simplemente hacen para ser, y el que recibe amor es porque justamente nunca pide retribuciones. Las personas felices toman las adversidades como pruebas, los fracasos como superaciones, y la tristeza como hermana de la alegría: son estados, no estaciones; van y vienen. Sacando alguna patología de lado, la felicidad es hacerte cargo de tus elecciones.
Mi gente querida no para de darme consejos y yo los escucho con paciencia, aunque en el fondo sepan que yo voy a hacer lo que se me ocurra. No le temo a lo desconocido, le tengo nostalgia a lo que dejo y sé que voy a añorar hasta que el acostumbramiento me traiga otras costumbres y la realidad se vuelva otra. Por eso me lleno las baterías de todo el amor que pueda recolectar, muchas endorfinas para emprender el viaje. 

miércoles, 22 de enero de 2020

La mar estaba serena, en pena estaba Lamark

El sol posa radiante sobre la cúpula de cobre sin nubes, haciendo soportable el viento del sur, tan frío que molesta las fosas nasales. La marea amaneció limpita, como los ojos después de llorar una pena grande, salada y a borbotones. Ayer parecía una emulsión de arena y barro, marrón como el río Paraná, pero revoltoso y enojado. 


El Paraná, mi vista por quince años. Nada se deja traslucir bajo esas aguas. La "ciudad capital del helado"; casi toda mi vida transcurrió sobre esa orilla rosarina. Su corazón de pueblo ahora está amenazado por la turbidez fangosa de gente sin escrúpulos, que viene con la correntada del crecimiento. A veces me olvido que después de una hora de la tarde, río y calle se transforman. A ambos hay que guardarle respeto.

El mar argentino es así, tiene su temperamento. Como a un viejo cascarrabias, hay que saber entrarle y tomarle el tiempo. Hoy la diferencia de temperaturas entre agua y aire hace que se sienta más a gusto dentro del mar, bajo el sol y saltando cachetadas de agua. Tal vez nadie escribió sobre cómo se surfean las olas de esta costa bravía, ¿seré la primera? Bueno, intentaré ser lo más descriptiva posible.


Surfear el río en una lancha es como saltar sobre un piso duro y caprichoso. Me gusta más ir en bicicleta por los "arroyos" de asfalto. Me conozco todas esas calles de memoria y las veo cambiar a diario, con el placer de lo que se renueva. Su olor a tilos y a meo rancio, las baldosas flojas, los árboles frondosos y de colores hermosos, los basureros atestados y los autos en doble fila. Pensar que en días va a dejar de ser mi rutina.

El primer oleaje sobre la arena es pan comido -no llega ni a los talones-, pero las segundas, las que aprietan la cintura, son traicioneras: si te agarran de espalda lo más probable es que termines revolcado y tragando agua. Después el baño no te lo va a agradecer... por los kilogramos de arena arrastrados, digo.


Tanto me acostumbré a este barrio que siempre imaginé mi vejez yendo al Teatro El Círculo con cafecito posterior, toda pinturrajeada y en aquelarre con mis amigas. Me está costando decirle que tiene que salirse del living room en pleno enero caluroso y meterse en una nube helada. Hay tanto que registrar sin cámaras. No te olvides, no me olvides.


Pero si pasaste la cintura al agua, listo, ya estás dentro. Después viene el trecho manso, más o menos durable, donde las demás olas te vaivenean pero sin mucho efecto. Lo interesante viene adelante. Más atrás, después del banco de arena del fondo, están las olas divertidas, y quizás peligrosas. A esas voy a buscar siempre si el día acompaña... hay veces que tienen 3 m de alto y enfrentarlas es KO seguro. Cuando puede uno acercarse, igualmente, tiene que tener todos los sentidos agudizados para tomar una decisión rápida. ¿Voy por abajo o por arriba? Si la ola se acerca media espumosa y encorvada, como pirata ebrio, mejor dejar que te peine de un zambullido y sin contacto con la superficie brava. Pero si es recién nacida, se puede -y más placentero- dejarla pasar flotando como boya. 


Y voy caminando a hacer los mandados como si nada pasase, flotando sobre los 34°C a la sombra y sin brisa. Ah, sí, me dieron el pasaporte con la visa en el correo recién, pero me acordé que tengo que pasar por la verdulería porque no hay milas de soja ni frutas. No hay autos en la calle che, la malaria capaz no era tanta, mucha gente se fue a la costa.


La ola que está a punto es la añorada. La vas sintiendo, la ves venir gestándose unos metros atrás. Grandes masas de agua a las cuales agarrás justo antes - segundos- de que se pongan bravías. Me gusta esperarlas como un felino espera su presa, con las pupilas enfocadas y las piernas fuertes arraigadas al fondo arenoso, para que no te chupe la resaca. Verla crecer de a poco, y ahí montarlas como a un mustang desprevenido, que te lleva sin que se dé cuenta. Por ahí sí, corcovea y te tumba.

Irte del mar argentino sin arena atascada en la malla es como comer la pasta sin una mísera mancha de salsa en la servilleta. No existe, o no comiste/nadaste a gusto. La sal en la boca y el viento sur pegan fuerte a la salida, es por eso que vamos cargados con tantas cosas "por las dudas". Pero así nos gusta vivir la playa.


Irte de lo conocido es un poco eso. A diferencia de los bártulos playeros, de viaje te vas sin mucho, no se puede y no se debe también. Siempre me pareció que volar es como nadar. Prepararte, sola frente al océano de lo desconocido, con una bocanada de aire enfrentar la inmersión fría, dejarte llevar por la marea, reflotar. La ola brava ya va a pasar y la sensación de que estás vivo, queda. 

domingo, 29 de diciembre de 2019

Un autre rêve


El examen estaba por comenzar, se sentía el escalofrío del cronómetro presionar contra los dedos sudorosos. Los pupitres poco a poco iban alineándose de a dos, frente al pizarrón verde cubierto por la fina capa de tiza que el borrador nunca llega a despegar. Me pareció raro encontrarme en un aula escolar después de tanto tiempo, desacostumbrada (oxidada) a verme del otro lado del escritorio de profesora.
Las hojas simple faz con preguntas numeradas estaban listas y en mis manos. Eran solo pistas, el verdadero acertijo a resolver estaba en las palabras de un niño pequeño que no supe cómo llegó allí. Tenía que entender rápidamente su alegoría escueta y apática, después de la segunda vez que me explicaba con ademán de manos y todo, el pibe no podía creer que no me resultara obvio. La verdad, no entendía nada (partiendo de por qué estaba ahí). Era su historia personal, esto fue lo único que pude captar. Múltiples pasos, horarios, distancias, sucesos a ordenar. El cómo era la clave (¿no lo es siempre?). Estaba empezando a sentirme motivada y en acción, diagramando cuadros en la pared de mi cuarto imaginario, cuando alguien aparece caminando con los ojos fijos hacia adelante, hasta que se me sienta al lado. No sé si no me ve, o no le interesa. Su cara me suena de algún lado o de algún tiempo, sí, tal vez. Lo esperaba, el escalofrío ya no venía por la presión del contrarreloj, sino de su brazo contra el mío, y por dentro un río de emociones que no supe definir tomaba de a poco el control de mi mente. Por fuera, inmutada; él, indiferente.

Ahí dejé de ser yo. Corrijo: el yo dejó de sentirse en control, se acordó que no es el centro de todo.

Mi mente analítica y predictiva se me hizo aguas y me ahogué en mi propia emotividad. Actuaba,  cuasi teatral, dando pasos en círculo y explicaciones en voz alta, pero era todo pantomima o un llamado de atención más infantil que las cartulinas decorando la pared de ladrillo visto. Me iba perdiendo en ese sentimiento de cercanía, la luz se iba atenuando (quizás un atardecer precoz) y aunque pegados en los brazos la mente se apartó lo más lejos que pudo. Pero no pudo. Las líneas se me hicieron ovillos, la memoria un trabalenguas; dónde estoy, quién soy. Mi recién llegado compañero de pupitre seguía muy concentrado y enfocado en escribir sin percatarse de nada. Qué desesperante es no poder anotar una idea, era como cazar mariposas en el aire con una red para atunes. Sólo podía mirarlo y recordarlo de algún otro lugar u otra vida, y quedarme impotente mientras mi inconsciente iba despacito ganando terreno.
Terminó el tiempo y sonó el timbre, el se paró, entregó como un trámite más, me saludó con un apretón de manos y se fue como si nada. Miré las hojas sin mirar, no pude voltear, y menos escribir. Me sentí inútil y burra. Me tuve que quedar después de hora para intentar volver a mi centro, con el pibito desesperado por ir al recreo (lo había olvidado por completo, aunque se quejaba sin parar). ¿En serio tenías que quedarte tan inmóvil? ¿Así le pareciste: lenta, vieja, despistada y emocional? Supe quién había sido esa persona, pero no quien era en ese momento, un extraño conocido, o un conocido extrañado. ¿Cuándo se transformó el diálogo en una contienda de acertijos, un caso a resolver sin cooperar pero sí en competencia?
El corazón se aceleraba y podía escucharlo gracias a que el silencio le iba ganando al murmullo incesante de adolescencias irresueltas. Siento el palpitar de una intuición, revelada por la aparente incoherencia de unas neuronas en fase REM, y después de sudar bajo mi disfraz de colegiala con canas, hacen un click mis ojos de pupilas abiertas, y lo resuelvo.

Abro los ojos, otra vez, empapada de calor de verano, en una cama que no es mía pero tampoco de otro, en una noche de estrellas que vira hacia la madrugada fulgurante. El examen no existe, y la alegoría… es ahora este cuento.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

The Cave


Me cuesta un poco comenzar este relato. ¿Describir primero el lugar o los personajes? A veces no sé dónde comienza… o si tiene un inicio real. La trama gira en loops sin que me dé cuenta hasta que descubro un párrafo revelador (Soñar de vivir una noche en loop), como si todo estuviese hilado en telarañas atemporales (Hilos sin Tiempo). Tecleo, suprimo, tecleo. ¿Y si es la mente la que asocia lo que nos ocurre/va a ocurrir/ocurrió?
Todo empezó/culminó una noche de esas que fluyen con las primeras brisas de verano, donde los cuerpos acostumbrándose a estar destapados se sienten volar. Intenso. Es la palabra que me viene a la mente cuando pienso en esos años que cierran más que una década; cerraron heridas, cerraron gobiernos, cerró la puerta del amor (tantas Veces). Pero una puerta especial se encontraba en una sala de ensayo oscura y húmeda, dentro de una casona centenaria. Al pasar por el conocido umbral me dio escalofríos, y por un momento dudé si empezar a pellizcarme o girar un trompo, para saber si estaba incepcionando en un sueño. Allí dentro, en el patio cubierto por chapa barata, vibraba un limbo de cosas cambiantes y perennes. La sala N° 1 reservada los miércoles a la tarde por 2 h, una caja sonoramente aislada del mundo, para reflotar el mundo interior; las birras después eran el cable para volver a tierra. La sala N° 5 con gente nueva sentada el sillón que recordaba como perchero de camperas y fundas, mientras que la música no era rock sino melodías del renacimiento, las birras en latas adentro y de acompañamiento una guitarra criolla. El bar de los conciertos se esfumó, pero vive en una foto.
 Cómo poder imaginar que la energía se conservaba en ese lugar -concentrada-, a tal punto que conectaba 13 años en un agujero de gusano, como lo hacía justamente, una Cueva, en la serie Dark. La realidad no es más que una dimensión de bolsillo que tiene la posibilidad de transmutarse, y sin viaje lisérgico, el ectoplasma de cada cual puede verse desde arriba, escapándose. No sólo mi mente, la gente que me rodea también se encuentra en transición fuerte, cada uno a su manera, y nos miramos como en espejos de agua dulce, ribereña. Tal vez nos reunimos para aprender y esto no sea más que un eterno vestíbulo en el purgatorio, donde tengamos que vivir una y otra vez lo mismo. Y justo como al personaje de esa mítica serie -tan genial-, cada reinicio me siento más indolente y receptiva. Ya no pataleo porque no sale como quiero, ya me doy cuenta de que lo único que tengo que hacer es entrar otra vez y conectar 13 años al pasado o al futuro. Las caras cambian pero las esencias no, hay un patrón, es la primera vez que lo veo (no, no... ahí me acuerdo que ya lo percibí antes). Tantas vidas en una vida, y catalizadores del recuerdo que ya no pica, diseminado por ahí. La trama los guarda, en puntadas severas contra el lagrimal. And suddenly there’s a war in my mind.
Ahora me siento a tomar mates esperando que las tanzas con anzuelo traigan los ansiados peces. Me siento en un aeropuerto mental, esperando arribos, guardando recuerdos en maletas. No me puedo concentrar. Experimentada o no, siempre me queda el vértigo con el cual estoy acostumbrada a girar, y los graves de los parlantes del bajo golpeteando en el pecho. Siento que todo me tira para múltiples direcciones, mi alma partida entre muchos lugares y personas, me vuelven vulnerable y a la vez fuerte. Cual lovecruxes, renacería de cualquier pedazo de mí que dejo por ahí. Es un hecho, se abrió un portal en otra dimensión y en otra ciudad, donde el viento me lleva y me hace girar. Y la noticia más linda de la vida viene a tocar mi puerta y me deja una tanza y un anzuelo, para encontrar el camino al volver.

martes, 11 de junio de 2019

Andate


"Andate, vos que podés y no  tenés pibes, mirá lo que es este país, se cae a pedazos porque los mamertos que lo gobiernan se roban todo”- me dicen los que la reman a diario entre pañales y trabajos mal pagos, escuelas privadas y resignando el asado, que me ven buscando laburo inexistente desde hace 6 meses. Supongo que tengo un dejo de adolescencia que las canas no tapan.
Cinco tipos de CV preparé: bilingües, para academia, para empresas, para empresas con I+D… definirse a uno mismo es tan ficticio, como si fuéramos papeles que completar. Y por más que les demuestre un inglés avanzado y una docena de cursos, no dejo de ser simple sudaca, una mujer del subdesarrollo tramitando su nuevo título para, tal vez, nada (en un CV en español no digo que soy doctora, a muchos poco les interesa un título con el que no puedas hacer prescripciones y que encima te lo tengan que pagar). Sumale, también, aguantar el patriarcado en la búsqueda de ciudadanía europea. Un quilombo y eones de espera de más papeles que me digan quién soy. Pero ¿soy todo esto que digo que soy?
Siempre quise irme a explorar el mundo, como cuando cantaba la canción de La Sirenita en la pileta. Entre todos los mails recibo una respuesta: me quieren para seguir en academia en el norte del mundo. Me evalúan una vez más, cartas de recomendaciones, presentaciones a becas, esperas. Me da escalofrío y náuseas imaginarlo, pero a la vez me gusta pensar que cinco años más sirvieron para algo. Así que me pongo a ocupar el tiempo en soñar despierta.
Lo malo son las pesadillas a la noche. Carteles que reclaman deudas, propuestas rechazadas por insuficiencia, papeles que se queman o vuelan en el viento. Sueño que estoy afuera pero atrapada en las redes sociales, tan lejos de lo que me hace bien, de mis querencias, mi vida, mi ciudad sudaca pero maravillosa. El sueño es el único que cree que puedo seguir igual, todo esto está cambiando y no puedo hacer nada. Amigas de la vida que se van a buscar otros rumbos, otras que emprenden el camino de la familia. Tal vez mi cuerpo no se quiera ir... en una semana y media pasó todo lo que no pasó en tres años.
 “Es una experiencia única, ¿mirá si no lo vas a hacer? Te vas a arrepentir cuando seas grande.  Dale, no perdés nada.”
¿De verdad pierdo nada? Como si los pasajes, la mudanza y el desarraigo, aunque temporal, fueran “detalles”. En las redes sociales vemos las caras contentas de los emigrantes paseando por ahí en lugares remotos y parece como si los tuviéramos al lado. Lo que ignoramos es que la mayoría de esas postales son selfies, que la cerveza es sin compartir, que la foto no es la mano, la piel, y no tiene tacto, ni olor. Si decido irme es nunca volver al punto original de partida al regresar, es empezar de nuevo otra vez. Ahora, justo ahora, que me veo en el abismo de decirle adiós a lo conocido, pienso en todo lo que construí acá. 
¿De verdad tantas ganas tenemos de irnos, o sólo nos creemos el cuento del césped más verde del jardín de enfrente? Concebir esta posibilidad argentina de estar buscando afuera, ¿nos deconstruye o nos rompe, literalmente? ¿Es buscar estabilidad o unas vacaciones un poco más duraderas?
Nunca dudé en irme de mi pueblo. Pero ahora, no sé si quiero pensarme lejos de esta ciudad, las juntadas, la familia. ¿Querés que vaya tipo 10? Ok, me cambio y llevo el postre.

miércoles, 3 de abril de 2019

Yin

Desde chica aprendí que ser mujer consistía en atravesar ciertas etapas, como si se tratara de comerse un Bon o Bon por partes: primero, la cubierta de chocolate, después, la oblea crocante, y recién ahí llegar al centro de pasta de maní con chocolate. La vida de una mujer era pertenecer a uno de estos dos grupos: las que habían pasado la ronda y las que no.

Primero venía la pubertad, y el misterio del flujo y el sangrado. ¿Te vino ya o no? Eras una niña o una "señorita". Cada vez que una pasaba de un grupo a otro chispeaba la sensación de haber entrado a una orden secreta -y sanguinaria. Cada mes mirar la bombacha e intentar vislumbrar una Rorscharch amarronada, la contraseña de entrada. Este paso no dependía más que de la genética y del reloj biológico, esperar "a ver cuándo me toca", cuándo crezco. No que esto fuera realmente especial una vez que ocurría, más bien se sentía una desilusión, enmascarada por el "ya lo pasé".

Después te quedabas en el camino si no seguías la experimentación con el género masculino, más allá de las cartitas de amor intercambiadas en algún recreo o "asalto". Llegaba la primera vez de todo: del beso, de la mano al más allá, de la penetración. Las risitas entre chismes y comparaciones, los rankings, los dibujos anatómicos, la adolescencia llena de energético miedo. Esas experiencias no pertenecían a cada una, eran del colectivo, de la tribu. Tal vez podías decidir el momento de probar cada cosa, a tus tiempos y tus deseos. A veces, no. Porque el sexo dependía de la mirada del otro... y de las acciones de ese otro también.

Pasar de la soltería a convivir es también otro cuento. Ligás un regalito por perder tus muebles, tu privacidad y pasar a meter en el lavarropas calzones ajenos. Si era copado "te ayudaba a limpiar" (su mugre). La otra mitad se volvía la manzana entera y listo, vos estabas realizada una vez más. Sin preocupar, que de vez en cuando hay tiempo para las pibas los martes a la noche.

Por último, la condecoración, el máximo honor de ser mujer: ser madre. Ser madre o no ser, esa es la cuestión de un abismo. Ahora sí que el pertenecer es un antes y un después, porque parece que cuando se es madre, ya se deja de ser la anterior mujer. Ya no es un proceso de crecimiento, sino de enajenación hacia ese pequeño bulto humano que te succiona los pezones y se caga feo. Te dicen que es hermoso, pero por un año al menos te olvidás de lo que es menstruar, de lo que es el sexo, de los demás grupos de pertenencia. Borrón.
Porque algunas no nos toca o no queremos que nos toque ser madres, podamos elegir o no.

Y a mí me tocó parir sólo una tesis.

Digo sólo una tesis porque no es exclusivo de mujeres. Cinco años de gestación y 4 meses de trabajo de parto que vivimos por igual todos mis compañeros, a lo Schwarzenegger en Twins. Pero sí es logro de mujeres, porque a la mayoría de nosotras se nos desalentaba seguir en una carrera profesional que implicara sacrificios a la familia. Sí, porque aún está ese mito de que la mujer primero madre y luego profesional. Como si la familia fuera sólo hembra más hijos.
Resulta que a mis dos niñes-tesis las parí con encanto y desencanto, porque esas cosas vienen de a par. El embarazo mental de una tesis de doctorado también se nota hasta las horas previas antes de que salga al mundo y le saque fotos, nada más que esta vez una está consciente en el proceso de creación, aunque el azar a veces meta el rabo en el asunto.

Parir una tesis o un pibe, la vida se basa en logros. Vivimos por la aprobación y el aplauso del otro. Queda un toque ridículo si lo pensás mucho, que las mismas personas que corren par a par hacia la meta son tanto el jurado como el público vitoreador, y lo único que los diferencia del ganador es el tiempo. Que miramos a los demás porque muchas veces no queremos mirarnos a nosotros mismos.

sábado, 16 de marzo de 2019

Primeras veces parte II

Hablando de primeras veces , es la primera vez que transito una fiesta en la sobriedad total desde hace al menos 5 años. Casi depurada de tomar tanta Sprite, para imitar a los demás que andan con un vaso en la mano. Claramente que eso no impidió que me libere, pues no necesito alcohol para ser cuasi centro de la fiesta (narcisismo aparte).
La lógica de la velada me resultó tan distinta, las charlas, las miradas, todo tan nítido (y los demás parecían como adormecidos). Quizás por eso me di cuenta de detalles, como que nunca como hoy estuve tan cortejada. A los tres se les nota bajo mis ojos más abiertos, y yo que estoy en el momento más abismal de mi carrera, cruzando la intersección entre incertidumbre y duelo, tan grande y llena de destierros, nado entre ellos como un pececito sin memoria. Nado sin nada que perder, o ganar.
En eso me ofrecen una alternativa. Parece que estoy en otra sintonía, y mi cuerpo vive el desarraigo en el baile, el ahora. Caigo -otra vez- en el trance de sus ojos, su perfume, y me dejo llevar por el recuerdo en espiral de otros días más livianos. Aunque ahora hay cámaras que dejan plasmadas las intenciones, si alguien alguna vez las revisan.
Pasa la noche, ambos sabemos que si queremos nos vamos de ahí con alguien más -siempre lo supimos. Pero como dije una vez, lo que importa son las elecciones. Qué paradoja. Queremos ser libres y nos aterra, porque en el fondo la elección es estar solos. Las sociedades evolucionan pero no al ritmo esperado, demostrar ser transparentes es el peor de los juicios sociales; quién entiende la falta de celos, la mezquindad del ego haciéndose a un lado, el no poseer. La hipocresía es comúnmente más aceptable, las máscaras más tolerables. En estos últimos casos ego se prioriza -y todos los ista que se te imaginen enumerar-, sin importar los daños colaterales. Yo siempre queriendo ver multiversos... Por allá las charlas se van acortando, los momentos se van diluyendo, en el metegol el arquero se va quedando tieso; pero su mirada sigue aún fija, fija en mí... cada vez que me volteo. Perdón, sus miradas.
Luego algo pasó, una neblina de nostalgia, un dolor ajeno. No es la primera vez que me dice que no, pero esta vez hay algo más. No puedo obligarlo ni lo haría, me importan las elecciones. Así de fácil debería ser entender a un otro que no tiene que explicar nada, sin post-mensajes, sin escenas, sin instagrameadas de superada. Y me fui con besos en el aire. Así, sin egos, en el caos de la vida que nos regala momentos hermosos y horribles.
Qué linda vorágine es estar vivo, qué locura, todo pasa tan rápido. Tantas caras conocidas que quiero conservar, tantos lazos de amistad que tiran fuerte, abrazos, tanto amor de bodas de madera girando y vaiveneando sobre sí mismo, que no se quiere ir. Debo dejarlos ir, debo mudar de piel.
Ya estoy llena de sprite, de brillo y de tu perfume y quiero irme a dormir. Capaz soñemos algo en común y nos despertamos al mismo tiempo. No era la primera vez que me decía que no, pero no era la última vez. Ese día lo supimos.

sábado, 7 de abril de 2018

Primeras veces parte I

Tengo la suerte de tener una vida llena de hacer cosas por primera vez. Primera risa, primeros pasos, primera bici, primera vez que manejé a larga distancia. Primera vez que viajo sola.
Qué emoción tan terrorífica: un equívoco y no hay a nadie a quien reclamar. Obviamente que ha pasado y por suerte no de gravedad; se aprende la humildad a la fuerza y riéndose de la estupidez propia y ajena. ¡Y sobreviví! A mis despistes y a los ojos de extraños que no entendían qué hacía caminando libre. Pobre de ellos.
Muy al contrario de lo que imaginaba, que un viaje solitario es un viaje hacia dentro, introspectivo, me sorprendió que el foco se movía hacia el nuevo lugar: mi mente por fin se calló para ver y escuchar todo lo que me ofrecía el presente. Colores, aromas, sonidos, intercambios de pensamientos; cosmogonías, culturas, idiomas y formas de interpretar esos idiomas. Una bomba de percepción estalló en mi cara sobre-estimulando mis sentidos, sin dejarme otra opción que fluir al ritmo de lo que acontecía, porque por más que lo planees, el viaje es una entidad con vida propia que desacomoda los límites y desparrama las fechas constantemente.
Para toda primera vez es mejor que te predispongas. En el proceso de salir de uno y sus conceptos se abandona cada átomo de lo conocido. Al volver, entonces, cuando se recupera la memoria, esos átomos se ordenan diferentemente y es imposible volver a lo mismo. Como un cambio epigenético impulsado por el ambiente. Y vienen las preguntas: ¿quién es el yo? ¿Qué lo define? ¿Existe un yo, realmente? La respuesta es infinita.
Lo repetiría una y mil veces. Me quedaría charlando horas y horas en el desayuno, a la cena, con quien me encanta, con quien aborrezco y con quien no comparto nada. Me saldría de mí y volvería formando espirales continuamente. Gasté lo que no tengo en materiales para ganar vivencias sin precio, comiendo arroz con sabor a sorpresas.
Esta primera vez que viajé sola, me di cuenta que nunca estaba realmente sola. No es aislarse, es abrirse a otros. Hay alguien nuevo en cada esquina para compartir la vida, somos un mar de individualidades buscando conectarnos a otros y al presente, adoptando acentos, mostrándonos, abrazándonos. Es increíble cómo la intuición aflora y los consejos pegan en la tecla, es como rodearse de adivinas y psíquicos que solo necesitan mirarse a los ojos para entenderse. Ahora no le encuentro sentido a preguntarse quién es el yo, porque no existimos separadamente de lo que nos rodea. Somos comunidad, somos tribu y naturaleza. Estoy en paz de saber que cuando uno viaja crea lazos nuevos, y si alguno viejo se pierde, es porque así debe ser; caminando transformamos, y caminar nos cambia. 
Estoy esperando ansiosa mi segunda primera vez.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Cortar

Una de las cosas que más me gusta de donde vivo es el árbol que da al balcón. Me banco el ruido de estar cerca de planta baja, con colectivos y todo, por ese poquito de verdor entre las torres de concreto. Más aún cuando florece, vistiéndose de lila, es hermoso. Es un poco caprichoso en su figura, lo admito, pero es que le gusta el sol de la esquina y va a su encuentro.
A la mañana me desperté, me fui al trabajo, y lo miré como diciendo "hasta luego". Pero cuando volví ya no estaba: un tocón de madera a la mitad (posta, mitad) de su altura lo persistía. Ya nada de verde quedaba en el balcón, sólo el cemento, los ruidos, el calor de diciembre incipiente y algunas hojas caídas, lágrimas de celulosa y clorofila.
Me encuentro con un pibe que conocí hace algunos años, corriendo en una esquina. Casualidad, digo yo. Quedamos en tomar algo en unos días. Me molesta un poco la insistencia de los mensajes, siempre me pareció embustera. Pero la charla estuvo bien, duradera, con humor y todo.
El calor sin el árbol me mata, las plantas se me mueren en el balcón, me voy al pueblo escapando hacia el verde. Llega el vitel toné y los pan dulces con frutas, después el lemon champ, pega la nostalgia y las viejas heridas pican un poco en el lagrimal. Aún así le pongo onda y deslizo mensajes a la distancia. En esta etapa del flirteo uno espera los mensajes como coordinados por relojes suizos: muy pronto, en punto, muy tarde. Muy miércoles. Tan de pueblo que me duermo temprano, la tele es mala, los amigos están casados. Me desplomo en la cama simple sin ver el mensaje que veo al despertarme y que contesto con alegría. Respuesta que me contesta con rudeza... y luego deja de contestar.
Hay algo de esto parecido al suceso del árbol, no por cómo florece y es hermoso sino por lo que lo diferenció de otros árboles, que hizo que el señor de Parques y Paseos decida mutilarlo. Puedo intentar ver mil razones por las cuales se malinterpreta un mensaje, o unas ramas rebeldes. Pero ese no es el punto. Es el atajo evadiendo la explicación. Lo simple: se corta al medio y se clava el visto. ¡Cómo defender esos pensamientos! Tener que aguantar los silencios irreverentes, tener que esperar a que alguien decida por nuestro deseo, y se apodere de él, creyéndose dueño. No… No...
Eso no es más que falta de respeto a esa rama que hacía su esfuerzo para sobrevivir a las ráfagas de viento de la esquina, ese árbol que no estaba muerto, sino que pedía una oportunidad de crecer. Zas. Y normalizar que un flaco te pinte al óleo porque o malinterpreta, o interpreta bien pero no tiene cojones para decir lo que quiere. No hay nada peor en un chat de dos, que dos tildes azules; el silencio de un tocón de árbol que ya no puede defenderse.

martes, 21 de noviembre de 2017

Efecto dominó

La espera del viaje impacienta, y los ansiosos ansían llegar a destino. Los fumadores escapan hacia el calor y el smog solo para dar un par de pitadas, aunque sean dos o tres; atragantarse con el humo, aspirar profundo como si inhalaran la vida misma.
Uno de ellos sale casi a los tumbos por la puerta corrediza, chocando el bolso contra el vidrio. Me provoca algo de pena ver su apuro en busca del encendedor, ese que se pierde en los bolsillos y en los fondos de las carteras llenos de migas. Acerca las manos a su boca rogando que tenga gas. Lo enciende y entrecierra los ojos, aún tembloroso, mitad acabado y mitad adrenalínico. En eso, lo traen a tierra desde el altavoz: se va su colectivo. Pero él está pegado a la boquilla como a un amante apasionado, no quiere dejarlo, lo aprieta con su aspiración, y en un fuerte y largo beso le dice adiós arrojándolo al andén, sin mirar, dejándolo aún encendido. Aún largando humo gris.
Hay viento y el cilindro de tabaco a medio terminar rueda sin cesar. Da vaivenes por el suelo entre los pies de extraños. Bajo el andén están los buses con las luces prendidas y el motor rugiendo. ¿Y si gira demasiado rápido y termina bajo el vientre alargado del cole, cerca del combustible y el lubricante que circula hacia el motor? ¿Y si esas venas están pinchadas y pierden gotas que no se ven? Si ese papel ardiente naufraga en el solvente inflamable, y como un dragón, todo comienza a arder... ¡Explota, explotamos todos! ¡Culpa del viento, el fumador y su vicio necio, la inexistencia de un control mecánico, y la espera en la terminal, en unísono!
¿Qué piensa el tipo? ¿Que nada puede pasarle, o le pasa a otro fumador lejano, en otra dimensión? Soy yo la que está mirándolo marcharse. ¿Para él las probabilidades son un invento y las reglas una pantomima? ¿O todo pasa por su deseo, calmar sus ansias, aunque implique engendrar un peligro incendiario porque no tuvo la amabilidad o precaución de apagarlo? Capaz no piensa, capaz no ve más allá del placer de ese humo y esos minutos libres que son su ahora. Pero ese ahora también es ese charco de aceite, esa gotera de combustible, el oxígeno ventoso, el fuego. Ese ahora también pertenecía a los que estábamos mirando rodar la chispa. El minuto libre era de todos los que esperábamos sobre el andén, así como nuestro destino.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Piqueniques

Hoy llueve y los planes para el día de la primavera se aguaron. La naturaleza sabe que es mejor tirar baldazos de agua en el momento en que el calor está por marchitar los pimpollos y quemar el pasto. Pero nos quedamos sin picnic, o "pique-nique". "Pique un niche" era la expresión original para describir el evento: "elige un lugar" (al aire libre, en la pradera, alejado, donde dé el sol y también la sombra, para comer liviano y jugar a las cartas).
Aunque hay lugares que no se eligen, sino que tocan. Otros, por el contrario, van construyéndose de novo sin que te percates, hasta que alguien te dice "quiero que estés acá".
Hasta que una personita un día te llama por teléfono pidiendo:
-Tía Rrroula, vení a jugar a losh autitosh
Porque te extraña y lo expresa sin prejuicio, porque es, sin pensar qué es. 

El Tauli pone esa carita irresistible de sorpresa al abrir la puerta, abriendo sus ojazos y regalándome una sonrisa. Genuina y pícara, porque sabe que se vienen los memés, cantar canciones y arrastrar autitos por el piso de parquet y el mueble que mamá tanto cuida. Empieza a correr por todos lados y me cuenta con lujo de detalles todo lo que quiere hacer ya, en su tiempo infante, que sólo entiende el presente y no cuenta las horas -no pospone, no desplaza.
La coloradita es puro buche y "aahhaaahhaas" por ahora. No me reconoce ni me recuerda, pero sí voy a recordar cómo estuve aprendiendo (con temor y sigilo) a que no se atragante con la mamadera y hacer provecho, a diferenciar llantos que son para la mamá y llantos de dolor de pancita. A que se fija con asombro en tu cara pero tu olor es lo que impregna. La hago upa como una estatua esperando a que mis músculos no fallen, ¡tanta inocencia cabiendo en mis brazos, durmiendo la siesta! Cada semana cambia, a pasos agigantados... magia de la vida, antigua e indescifrable. Pero ahora, alguien se pone celoso y reclama atención...
Tauli me señala su caja adorada de autitos, los saca uno por uno y a viva voz describe los colores de todos; si tiene su chupete, lo deja por un rato para hablar porque sabe que si no, no lo entendés. Después pide ver la película que vio más de ocho veces, y como si fuera la primera vez se emociona -aunque se sabe los diálogos-. Y cuando pide algo que "no se puede", o llama a su primo sin conseguir su visita, llora desconsoladamente... lágrimas que cesan en un click si aparecen pelotitas y gusanitos de plastimasa. Cuando las ruedas de  los autos se encajan en barro de plastilina, vienen los bomberos y la ambulancia, para gritar "vivaa", todos se salvan. 

Con su llegada, ellos salvan los días aguados y los acelerados también. Poniendo la pantalla grande de la vida en perspectiva otra vez, despertándote. No dejándote rendir, re-descubriendo el encanto del mundo en sus ojitos curiosos y su elocuencia. 
Si hay un lugar para elegir, mis pequeños pique-niques, sin dudar estaré allí.

martes, 22 de agosto de 2017

Sorry not sorry

A veces parece que el mundo es un circo y vos el payaso, el jorobado deforme al que todos alrededor se le ríen sin que se de cuenta, hasta que se mira al espejo. Tener en la frente estampada la burla y la espalda llena de cartelitos para que te den patadas en el culo. 
Y la impotencia de perder... ¿o la hermosa providencia de perder?

Entonces necesitás la bofeteada, porque llorar aunque uno intente, no sale. Y la voz de afuera que calme ese ego herido para decirte que no vale la pena, que sos hermosa igual así con todas tus ojeras a la mañana. Con tus carcajadas, con tu buena onda, tu caradurez y esa inocencia que aún te queda, de pensar que no todos ocultan su verdadero ser. Que alguien va a mirar esas ojeras, y tu pelo revuelto, y querer quedarse oliéndolo. Que es otra cosa lo que vale la lucha y que vos vales el intento, que hay que mirar para otro lado y apartar las manos del fuego. 

El perder puede ser liberarse de cadenas, de caminos que no son tuyos y de complicaciones futuras. Por algo las cosas lindas quedaron en la nada, no hay peor cosa que dar algo que no es bien recibido. Escuchá esa vocecita que habla despacio y te dice todo ésto, y ponele un megáfono. Que se saque esa timidez por pensar que es normal que al principio nadie te trate bien. No es así, no es así. 

Y ahí te vas a perdonar.

A veces cuando parece que nadie te ama, vos te tenés que amar. Forzadamente si querés seguir viviendo. Todas las mañanas cuando abrís los ojos, todas las tardecitas cuando te bañás con agua caliente, cuando te alimentás, cuando mirás, cuando disfrutás. No hay que cambiar nada por nadie, menos si no te lo piden o dejás de ser vos mismo en el proceso. No hay que esforzarse por gustar, sino por ser auténticos.

Y ahí, sí te van a amar.


miércoles, 12 de julio de 2017

Nostalgie d'été

Atravesaba, llegando al campo, una fila india de eucaliptos-rascacielos, cegada por el sol que se colaba entre las ramas del roble. El molino silbando con el viento, llenando de a poco, con compás de zamba, el tanque australiano lleno de algas que en verano se transformaba en lago de anguilas, mar dulce de náufragos, acuario de delfines.
Del otro lado de la tranquera estaba el zaino, y me trepaba para darle maíz. Así me dejaba pasearme luego por su corral, y salir corriendo hacia la "laguna seca" -ahora laguna-laguna-. Era una depresión del terreno tan pareja que parecía una pileta olímpica vacía, o una pista de skate verde esmeralda por donde correr, subir, bajar, y subir otra vez hasta jadear. Después de sacar de los árboles un par de mandarinas o nísperos según la estación, e írmelas comiendo por el camino, el paseo finalizaba en un destino fijo: visitar el palomar.
Se erguía como una bala de cañón gigante sin techo y desecha por la humedad, a la que con los años se le iba acortando el alto, pero no el misterio. Torreón de mis historias de castillos, casita de los pájaros que gritaban por miedo a que les robara su nido. No quería asustarlos, no quería asustarme (quizás jugar a sentir ese miedo que provoca picardía a los niños), sólo quería quedarme dentro de ese círculo de adobe y mirar al cielo azul, preguntándome cosas. Soñar con el ayer. Y correr, correr de nuevo a la casa para tomar mates con el abuelo en la galería... tal vez secuestrar un gatito salvaje para "amansarlo" en mi falda.

- Abuelo, abuelo, ¿antes se mandaban cartas con las palomas? ¿No se perdían?
- Al principio era así, apenas llegaron de Europa. Las palomas sabían ir hasta lo de los primos y volver. Pero después llegó el correo, y ya nadie supo entrenarlas.
- Pero... ¿y si alguien les tiraba con la escopeta?
- Jajajaja. ¡Y qué se le iba a hacer! No era muy práctico, y las cartas venían sucias también.
- ¿Y el palomar era donde dormían? ¿Y había otros?
- Sii... siii... Bueh, a lo último, era más algo decorativo que necesario.
-¿Y qué pasó con las palomas?
-Ahhh... ahí quedaron, haciendo nido.
Y me cantaba Cucurrucucú paloma, para hacerme reír.

Y a mí me encantaba encerrarme en ese arrullo -cururrucú- dentro de la colmena aviaria, y jugar a que era la Sirenita que quería explorar el exterior circular. Con el pelo revuelto y los pies llenos de guano con plumas. Con plumas en el alma y en la mente, también.
Con plumas o plumines se escribían esas cartas (una vez encontré una entre los cachivaches de la pieza del fondo), probablemente en francés poco cuidado, por la falta de contacto con libros y civilización, y dibujadas por manos ajadas por la tierra y el sol. El papel debía ser fino para que la paloma no se quede en el camino por exceso de equipaje. Versos enrrollados que esperaban quincenas para volver.  

Josephine: Quand est-ce que tu viens? Et ton mari, il est bien? Écrivez-moi! Au rêvoir.

Mensajes a lo lejos en la inmensidad de un horizonte, entre el silencio de los árboles jóvenes que aún no cuelan el viento. ¿Qué otra manera había para decir lo urgente, lo que emana del fuero interno, la confesión no dirijida al párroco, la conexión a pesar de lo lejos? Del país de origen, o de la mano añorada. Aunque tarden meses.
Aunque después en las visitas cara a cara no se diga nada. ¿Encuentros privados? ¿De qué me habla, m'hijo? En las veladas campestres sólo había música, tías chaperonas y miradas. Miradas aprobadas y prohibidas, espontáneas y planeadas.
Mirarse los cuerpos envueltos por capas de ropa es un viaje sin escalas por la retina; pero las palabras escritas siempre describen lo profundo del alma. Quedan ahí expuestas para que nos miren por dentro, para saber cómo otro entiende, para saber cómo otro calla... para luego releerlas y soñarlas, repetirlas y transformarlas en lo que nosotros queremos que digan... inevitablemente, leerlas con otros ojos implican entenderlas con otros pensamientos. Era tan poderosa la mística de ese ida y vuelta letrado, tan intenso el trabajo de sentarse e intentar explicarse frente al papel.  Interpretar los ánimos de otro por cómo cambia el trazo durante el relato, interpretarse uno mismo mientras lo va trazando, y extracorpóreamente poner tu alma en un sobre alado.

Desde entonces, cuando chica, hice cartas a seres invisibles en mis diarios íntimos, a mis padres, amigas, amores y desamores. Sin el coraje necesario para romper el candado en forma de corazón y entregarlas, dar esos sentimientos, exponer esos pensamientos. Porque me parecía que las veladas ya no eran sólo de miradas, que hablar de sentimientos estaba demodée, y que el corazón era algo vidrioso que debía guardarse. Porque a veces si no suma, resta, y el papel sin dobles tildes puede nunca responderse. Ni decir au rêvoir. Esa sensación de peligro ya no provoca picardía sino temblores inseguros, porque cuando se liberan las palabras al otro, no hay marcha atrás.

Ahora sé que ese es el miedo que nos paraliza, porque lo que sentimos es lo que somos, y debe salir... para volver, o para seguir y aprender. Ahora sé que el corazón se rompe, pero sana cuando comunica, en un loop que sólo frena cuando deja de latir. En la época del opinólogo generalista, escasea el diálogo sincero. Sin embargo, siguen existiendo cartas con otro formato, más inmediato quizás, menos pensado, ¡y valen igual! ¡Escribamos para que nos miren el alma!
Y otras veces, escribamos para mirarnos a nosotros mismos, y releernos, reinventarnos, y transformarnos cada vez más en lo que somos, no en lo que los demás quieren leer.